Distribución: ¿por dónde empezar?

La cadena de la música era de cierta forma fácil de entender y se podía explicar en un esquema simple. Empezaba por la composición, pasaba por la producción y luego la posproducción (o mezcla en términos más actuales) y luego el contenido comenzaba a distribuirse. Inicialmente salía al mercado un EP o un LP completo que se mercadeaba, promocionaba, sonaba en emisoras y se comercializaba. Luego vinieron los conciertos y de ahí se crearon las giras y finalmente, después de Woodstock se crearon los festivales.

La situación era sencilla y casi que podríamos representarla en este esquema:

cadena

La creación de estrategias de mercadeo, principalmente explotadas desde los 60, le añadieron pasos pequeños a la cadena que dependían más de la promoción que de la producción. A la distribución, por ejemplo, le añadieron estos pequeños pasos que servían para promocionar el disco pero que no se salían del esquema: Lanzamiento de Singles en radio, que luego se convirtieron en lanzamiento de Videoclips en Televisión. Les seguía el lanzamiento de un EP de 45 rpm que buscaba por un lado promocionar ese Single y generar una campaña de expectativa para el posterior lanzamiento del LP de 33rpm. Sencillo.

Pero luego llegaron los 90s y la multiplicidad de formatos: el CD y el DVD que se sumaron al Vinilo, Cassette y Laser Disc, crearon una cantidad de posibilidades a la industria. Sin embargo, las compañías disqueras lograron adaptarse (así como en el cine) y crearon esquemas de lanzamiento de formatos según las necesidades que cada uno de ellos generaba y los nichos de mercado a los que cada uno se enfocaba.

Hasta que en 1999 apareció Napster y le cambió por completo las reglas del juego a todo el mundo. Algunos artistas y disqueras se indignaron y optaron por la demanda. Otros, en cambio, se han ido adaptando al cambio y han encontrado en este nuevo mar de distribución oportunidades donde el comercio puede vincularse con la promoción y donde las reglas de la cadena se pueden romper para encontrar nuevas posibilidades de venta de la música.

La situación ya no es tan lineal sino más bien tiene un concepto 360°. Esto quiere decir que en vez de cumplir la cadena paso por paso, los artistas, una vez producen, tienen la posibilidad de lanzar al mercado sus productos en el orden que quieran: empezar con festivales para darse a conocer; seguir con un EP que será regalado en conciertos locales; pasar por una distribución digital del LP para conseguir fondos para un CD prensado y luego venderlo en tiendas tradicionales. O simplemente el orden que se quiera (y que muchas veces, se pueda). El esquema podríamos verlo de esta manera:

cadena hoy

Para cada formato podemos inventar una estrategia, mezclarlos, cobrar por unos, dar gratis otros y empezar por el que más nos funcione. Algunos artistas simplemente empiezan por el más económico, otros le dan una estrategia a cada uno y otros, incluso, son más creativos y utilizan estrategias de financiación previas a la producción o estrategias de composición colectivas. Definitivamente la cosa está para inventarse lo que se pueda.

Hablo acá de la música, porque en realidad es donde la adaptación ha sido más posible de medir, pero esto ocurre (y debe comenzar a ocurrir) en todas las artes y expresiones culturales.

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